Esta historia no tiene que ver con restaurar bicicletas clasicas, reconstruir piezas, cromar y pulir manillares, tornillería, etc.

Tiene que ver con algo mucho más íntimo y personal.

Mientras reconstruimos la bicicleta que hoy os presentamos, pensando en que posiblemente pudiera ser una línea particular de nuestras “Leopoldas”, murió el perrito de una querida amiga.

Nos afectó, tanto su dolor cómo su pérdida, conocíamos al perrillo y decidimos hacerle un homenaje.

Así que esta Torrot paso a llamarse Cooper cómo se llamaba nuestro querido amiguito.

Super CIL, restauración de museo (1ª parte)
DAL de varillas, Domingo Álvarez de Madrid